Desde la antigüedad los regímenes políticos se han ligado a la arquitectura como forma de transmitir un ideal, un pensamiento, una ideología. Un ejemplo muy claro y evidente es el imperio egipcio y la construcción de las pirámides. El poder absoluto y divino del faraón debía mostrarse a sus súbditos en todo su esplendor y qué mejor manera de hacerlo que edificar un monumento en forma de pirámide de tamaño colosal.

Hay muchísimos ejemplos de esto a lo largo de la historia, pero mi objetivo no es analizar la vinculación entre la arquitectura y la ideología, al menos no en este artículo. Mi objetivo de hoy es mucho más sencillo. Se trata de mostrar una serie de obras de arquitectura con un patrón común: su vinculación con una ideología.

¿Es posible que una obra de arte se valorar de forma ajena al fin para el que fue creada? ¿Podemos aislar dicha obra de los intereses a los que sirve y centrarnos únicamente en la concreción en sí? Yo creo que no solo podemos, sino que debemos hacer ese esfuerzo. Dejemos pues nuestros filtros ideológicos en el armario y empecemos a ver obras.

Sobre el Autor Estudio 3.14

Estudio 314 es un equipo de arquitectos, diseñadores, urbanistas, interioristas y sociólogos urbanos especializados en la arquitectura de las relaciones. Relacionamos personas, culturas, ideas y disciplinas para generar proyectos innovadores.

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