Varias veces los términos Arte y Diseño son utilizados como si estos fueran sinónimos, sin embargo hay grandes diferencias a considerar. En otras ocasiones se utiliza la palabra “arte” para poner en un pedestal y elevar a un nivel de grandiosidad algún trabajo de diseño que les ha gustado o que ha sido exitoso.

Pero entonces ¿Cuál ésta diferencia a la que nos referimos? ¿No deberían estar relacionadas al menos por el hecho de que comparten muchas técnicas y de que a veces responden a las mismas estéticas? ¿O de plano son totalmente distintos? 

Nos parece que la diferencia entre Arte y Diseño no radica tanto en cómo se ven, sino en su objetivo. Ambas tienen diferentes propósitos, tienen diferentes procesos y son (o deberían ser) juzgados por diferentes audiencias. 

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Propósitos

Durante una entrevista en 1974, Milton Glaser afirmó que, mientras un diseño debe llevar una carga planificada de información (con la intención de ser comunicada claramente), la función esencial del arte es “intensificar la percepción de la realidad”. Ésto básicamente significa que el diseño es utilitario y arte el no.

El Diseño es el cómo de una cosa: ¿cómo ordenar partes?, ¿cómo alcanzar los intereses de un cliente?,  ¿cómo hacer más clara la información? etc. El Arte, por otro lado, es su propio fin. Es decir, subordina todo lo que percibe del mundo exterior hacia sus propios propósitos. Éste no necesita ser claro -como lo debería ser una ilustración-, ni satisfacer los deseos de compra -a comparación del diseño-, o los gustos del público -ya que no es una tendencia de diseño de modas-.

Varios artistas aseguran que su arte alude a lo que ven en la naturaleza, en otras palabras, manera de comunicar lo que han percibido es bajo sus propios términos. Ésta definitivamente no es la ruta del diseño, el cual primero se pregunta su propósito y solamente después elabora su trabajo hacia ese fin.

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Procesos creativos

Si los propósitos del arte y del diseño son diferentes, entonces también deberían serlo las maneras de llegar a ellos. Por ejemplo, cuando pensamos en un artista a punto de pintar, lo imaginamos parado frente un lienzo en blanco concentrado en cómo realizar su obra.

Esto se debe, en parte, a que el artista usualmente tiene un fin en mente. Algo que puede ser un retrato o un paisaje o alguna abstracción de formas como la escultura  “Formas únicas de continuidad en el espacio” de Umberto Boccioni. Sin importar el tema,  para decidir esto no existe ningún tipo de limitación o restricción.

En contraste, el diseñador comienza con componentes ya existentes, como el texto, fotos, formatos de producción, colores básicos y un manual de identidad (si tiene suerte). El diseñador consulta al cliente sobre el uso final, audiencias, aplicaciones y otros factores. La tarea del diseñador es tener la visión de cómo estos elementos deben conjuntarse (con una habilidad técnica) para generar un producto que contenga una sensibilidad estética  y que cumpla sus objetivos.

A través de la historia, los propósitos del arte han cambiado constantemente: promover moralidad, compartir “verdades visionarias”, mirar hacia adentro, juzgar a la sociedad, etc. Es por eso que el arte debe ser juzgado en términos de belleza y verdad, donde ni el número de utilidades ni su practicidad son criterios que deban influir en su valor.

El diseño es juzgado de otra manera: si no hace el trabajo satisfactoriamente, no es bueno. ¿El diseño sirve al producto? ¿Logra el fin de vender, informar, persuadir, dirigir o entretener? Éstas son las preguntas esenciales y si no responde a alguna de ellas (usualmente con números), es considerado como un fracaso. Si eso pasa, ninguna cantidad de glamour estético será capaz de reparar el daño. 

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La audiencia 

Las audiencias tanto del Arte como del Diseño esperan recibir diferentes cosas. La audiencia del primero quiere ver la obra o escuchar la composición; para la contemplación y quizás vivir una experiencia. El arte genera atención hacia sí mismo, su forma es un medio para atraer a las personas y permitirles vivir algo diferente.

Por otro lado, la audiencia del diseño quiere claridad a la hora de encontrar la estación del metro o escoger el mejor jabón para su piel. Esto no quiere decir que el diseño no pueda atrapar la atención y generar emociones en un observador. Sin embargo, su intención inicial siempre será la de hacer llegar su mensaje de manera clara, antes de distraer al espectador por la “habilidad” del diseñador.

Por ejemplo, si una persona se conmueve ante el “Composition II” de Piet Mondrian, entonces habrá respondido “exitosamente” a la obra artística. Pero si una persona es capaz de describir claramente las características de un millenial gracias a una ilustración de Pictoline, entonces está respondiendo a los propósitos del diseño. 

Es así que la diferencia entre arte y diseño reside en la forma en que los vemos. El diseño tiene la intención de ser visto “desde afuera” y el arte de ser “visto hacia adentro”. El diseño debe hacer más fáciles nuestras vidas a través de la generación funcional y estética de cosas u objetos que nos beneficien. El arte debería complacernos con representaciones de cosas para percibir y deliberar.

 

Aranzazú Alvirde 

Sobre el Autor Estudio 3.14

Estudio 314 es un equipo de arquitectos, diseñadores, urbanistas, interioristas y sociólogos urbanos especializados en la arquitectura de las relaciones. Relacionamos personas, culturas, ideas y disciplinas para generar proyectos innovadores.

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