El Centro Cultural Constitución utiliza la belleza y el simbolismo para incentivar el encuentro y la Cultura en una colonia popular con problemas de delitos, pandillerismo y violencia. El edificio se centra en una sala de conciertos que hospeda a la filarmónica de Zapopan y a su prestigiosa escuela de música. Para complementar el programa el centro cultural cuenta con una biblioteca, un centro cultural que da clase a los vecinos, un registro civil y una clínica médica.
El Centro Cultural como herramienta estética: La tecnología del diseño digital en combinación con la fuerte tradición alfarera existente en Guadalajara permitió a Estudio 3.14 incorporar con ladrillos vidriados el color en el Centro Cultural Constitución. Entendiendo el color como una característica no solo de México, sino de todo Latinoamérica y en homenaje a la maestría en la que el Arquitecto Luis Barragán incorporó el color a la arquitectura, la Sala de Conciertos, y solo la Sala de Conciertos, está cubierta en su totalidad por un patrón cromático que se alza prominente sobre la colonia y el usuario encuentra y circunda una y otra vez conforme circula por el edificio recordando objetos que ha encontrado en los mercados populares aledaños. Este cromatismo contrasta con una paleta mínima de materiales: el concreto y el ladrillo aparente en negro y terracota sin que sin cromatismo también se combinan siempre mostrando paletas mínimas en diferentes interiores del edifico. En el exterior estos cuatro materiales hacen juego con un quinto, el acero de columnas y barandales, esta paleta mínima, colorida, de bajo costo y cero mantenimiento le permite un decoro al edifico cercano al del movimiento italiano de los 60 ́s llamado arte povera que utilizaba materiales comunes para presentar una alternativa contra el intelectualismo del arte abstracto y contra la fe ciega en la tecnología. De tal suerte, la estética del centro cultural constitución es ambigua, muy colorida y de una paleta mínima de materiales; realizada con materiales comunes y de singular tradición pero creada gracias a tecnologías digitales.
El Centro Cultural como herramienta simbólica: la singularidad y memorabilidad de la forma vienen también a complementar lo entrecomilladamente pobre de sus materiales. Este edificio que tuvo muy bajo costo de $7,500.00 (siete mil quinientos pesos) por metro cuadrado, presenta sin embargo una forma curvilínea. En este primer bosquejo de solo cinco líneas, cuatro curvas y una recta vertical, se ve el impulso de una geometría compleja inspirada en el signo del infinito, que por cierto describe a PI, 3.14 que nos nombra como equipo de diseñadores; este bosquejo permite también concebir al edificio como una circulación en rampa continua, haciendo de la accesibilidad universal no un agregado para resolver un problema y donde un ciudadano de movilidad reducida debe de buscar su circulación alternativa, sino donde el edificio es todo una oda a la rampa. Este esquema de 5 líneas geometrizaron al edificio como una rampa continua, primero alrededor de la sala de conciertos y después en la forma de un puente semicircular y ascendente que alberca los diferentes salones del cc y la escuela de música. Así mismo, las formas curvas contextualizan y capitalizan para su misión icónica la ubicación urbana del ccc en una glorieta; y esta geometría curvilínea del edificio permite crear formas singulares desde cada uno de sus ángulos que sin embargo, gracias a su materialidad se mimetiza en una colonia que ha recibido bien a su nuevo ícono. Esta es la estética del Centro Cultural Constitución.
El Centro Cultural como herramienta urbana: Pero ¿por qué existe algo tan singular como esto en una colonia popular? El Centro Cultural Constitución es el resultado de cuatro contratos que permitieron a Estudio 3.14 apoyar al municipio de Zapopan a lo largo de tres administraciones municipales llevadas por dos diferentes partidos políticos. Los contratos fueron: un plan estratégico del municipio, un plan de obra pública, un plan maestro del distrito urbano y finalmente un proyecto arquitectónico. Primero, un plan estratégico mostró que Zapopan era el municipio más inequitativo de México; el 10% de la Población Económicamente Activa de mayor nivel socioeconómico capturaba el 40% del ingreso, mientras que el 40%, casi la mitad más baja de la población capturaba solo el 10% del ingreso. Esto llevó a la gestión de un crédito de mil millones de pesos para obras en zonas marginadas y populares que se definieron mediante el segundo contrato: un plan de obra pública generada mediante presupuestos participativos del COPLADEMUN y que se transparentaron mediante publicaciones en los diarios locales. Posteriormente, para el Distrito donde se encuentra el Centro Cultural Constitución se realizó una visión a 12 años de conectividad, densificación y activación socioeconómica. En pocas palabras, este plan maestro capitaliza una inversión de $34,000,000.00 (treinta y cuatro mil millones de pesos), si, de 34 mil millones de pesos en la zona recientemente equipada con un Centro Cultural Universitario, un Estadio y una Línea de Metro, y era importante asegurar que estos beneficios se llevaran a la colonia Constitución aledaña a toda esta inversión pública. Finalmente, éste derivó en la obra, aquí mostrada en sus tres plantas, según las manecillas del reloj, en la planta baja: registro civil, clínica de salud y biblioteca; primer piso: sala de música de cámara, sala de conciertos, salones del centro cultural y salones de la escuela de música; segundo piso: salones de la escuela de música; y aquí mostrado en la única representación arquitectónica que logra explicar su geometría compleja en una sección transversal.
El Centro Cultural como herramienta social: Todo lo anterior, la estética, el simbolismo, la planeación y la arquitectura, derivan al objetivo único de palear la inequidad del municipio con mayor inequidad en un país tan poco equitativo. Posterior a las sesiones del presupuesto participativo e inspirados por una práctica reservada para las élites de Nueva York, el proyecto se convirtió en un pastel que los vecinos compartieron internalizaron, literalmente, un futuro arquitectónico del que formarían parte. Ya construido, el puente semicircular del edificio, genera un patio virtual que se convierte en punto de encuentro, pero también, otra paradoja más, el lugar de paso del transeúnte que cruza una planta baja pública abierta siempre accesible y por ser visible desde la calle, muy segura. Sus tecnologías pasivas debajo consumo energético, permiten el confort en salones de clases bien iluminados y aislados acústicamente para que jóvenes dancen, niños tomen clases, jóvenes se conviertan en músicos, y la filarmónica de Zapopan ensaye y se presente.
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